jueves, 15 de diciembre de 2011

El día que todo empezó.

Creo que todo empezó cuando yo aún estaba en el vientre de mi madre, o antes. Recuerdo que, antes de tener uso de razón, vi dos luces. No recuerdo muy bien, pero eran dos luces, muy resplandecientes.

Después de eso no recuerdo nada, sólo hasta que tuve 5 o 6 años. De ahí para atrás creo que no muchos recuerdan.

De ahí a los 9 años, los recuerdos son borrosos: Una mamá sola y su hijo al que chiqueaba.
Navidades, cumpleaños y "días del niño" llenos de regalos.
Un Buzz Lightyear, Sega, Hot Wheels y demás juguetes.
Viajes con mis abuelos.

Una vez, en un viaje con mis viejitos, era navidad o año nuevo, estábamos celebrando. Ellos estaban ya algo tomados, yo no, era un niño. Estábamos en una casa, la cual no recuero como era o de quien era.
Mi abuelo fue a la parte de atrás por unos vinos, creo. Entonces le hablo a mi abuela para que fuera:

—Rosa, ven. Ayúdame.

Fuimos, yo la acompañe por miedo a quedarme solo.
Entonces íbamos agarrados de las manos, por ningún motivo la soltaba.
Cuando llegamos a donde mi abuelo nos había llamado, estaba muy oscuro, demasiado. Ni mi abuelo se distinguía.

—No se ve nada, —Dijo mi abuela— prende la luz.

—Estoy buscando el interruptor, no lo encuentro. —Le respondió— Pisa con cuidado.

La respuesta de mi abuela fue, por desgracia, una caída muy grave, que igual por desgracias, me llevo con ella. Al parecer había unas pequeñas escaleras al frente de nosotros. Ella no le atino a las escaleras, así que callo al vació. Yo, por lo contrario, resbale como una tabla por las escaleras, raspándome la cara y todo el pecho.

Reaccione cuando estaba en el sillón de aquella casa desconocida. Yo no estaba grave, simples raspones.
Mi abuela es la que sí salio más lastimada. Tenía un gran golpe en la ceja, y su mano «la que sostenía fuertemente mi mano» se la había lastimado gravemente.

Tuvo que ir a recuperación desde entonces, no la podía cerrar para nada. Y hasta el momento no la puede cerrar.
Yo siempre la acompañe a sus recuperaciones, con miedo, porque al lugar donde iba era algo extraño.
Había un pobre enfermo, con Síndrome de Down, que me asustaba. Pero con el tiempo me fui haciendo su amigo, de él y de la señora que lo acompañaba, creo su madre.

Hoy en día no olvido esos raros momentos, qué espero algún día, revivir con un hijo propio. (La caída quisiera absténerla)

Un recuerdo, un escrito más.

J. Issac P. C.

1 comentario:

  1. Es curioso lo de las luces del inicio de tu vida, interesante muchacho :3
    Me gusta como has comenzado y como escribes
    Espero sigas escribiendo y no mantengas tu blog abandonado :D!

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