martes, 20 de diciembre de 2011

Diversiones en los "depas".

Recuerdo muy bien como me divertía. Creo que de mis mejores años fueron de los 8 a los 12 años.

Yo vivía con mi madre, solo con ella. «Yo no tengo padre, pero nunca he sentido la necesidad por tenerlo, con mi madre me ha bastado para tener uno de los mejores ejemplos» En un edificio, en el departamento 12.
Según mi mamá teníamos otro tripulante en nuestro navío, mi tío Gustavo, "el chilango". Yo no recuerdo muy bien, pero en fin:
En el edificio de a lado vivía mi abuela; su edificio me gustaba más que el mío, porque tenia más amigos en él. Me la pasaba ahí jugando con Samantha y Lalo, que eran los amigos con los que más concurría principalmente.

Samantha, es la hija de una de las mejores amigas de mi abuela y mi mamá. Desde que somos pequeños nos conocemos.

Lalo, era uno de mis mejores amigos. Vivía en el edificio de enfrente. Hoy en día no sé nada de él, se mudo y nunca volví a verlo. ¿Triste, no?

Había una pequeña cancha, donde íbamos a jugar fut bol, casi no la usábamos, jugábamos mejor a las escondidas, u otra cosa.

También tenia otro amigo llamado Gerardo, con él cual jugaba en el edificio de mi abuela, era el vecino de alado del apartamento de mi abuela.
Siempre jugábamos a que una "Mano Peluda" gigante atacaba nuestro edificio y teníamos que salvarlo de la destrucción.

Después, mucho después, conocí a muchos más amigos, Miky, Irving, Jesús, Tomi, Aldo, Aaron, Alex,y Ramon. Con los cuales tuve muchas "aventuras" que preferiría no decir en este cuento.
Tal vez en otra entrada que publicaré como "Travesuras", pero después.

Y pues así termina otro pequeño recuerdo, no pretendo hacer historias muy largas, sólo, recuerdos cortos. Así sería más divertido.

Un recuerdo, un escrito más.

J. Issac P. C.

jueves, 15 de diciembre de 2011

El día que todo empezó.

Creo que todo empezó cuando yo aún estaba en el vientre de mi madre, o antes. Recuerdo que, antes de tener uso de razón, vi dos luces. No recuerdo muy bien, pero eran dos luces, muy resplandecientes.

Después de eso no recuerdo nada, sólo hasta que tuve 5 o 6 años. De ahí para atrás creo que no muchos recuerdan.

De ahí a los 9 años, los recuerdos son borrosos: Una mamá sola y su hijo al que chiqueaba.
Navidades, cumpleaños y "días del niño" llenos de regalos.
Un Buzz Lightyear, Sega, Hot Wheels y demás juguetes.
Viajes con mis abuelos.

Una vez, en un viaje con mis viejitos, era navidad o año nuevo, estábamos celebrando. Ellos estaban ya algo tomados, yo no, era un niño. Estábamos en una casa, la cual no recuero como era o de quien era.
Mi abuelo fue a la parte de atrás por unos vinos, creo. Entonces le hablo a mi abuela para que fuera:

—Rosa, ven. Ayúdame.

Fuimos, yo la acompañe por miedo a quedarme solo.
Entonces íbamos agarrados de las manos, por ningún motivo la soltaba.
Cuando llegamos a donde mi abuelo nos había llamado, estaba muy oscuro, demasiado. Ni mi abuelo se distinguía.

—No se ve nada, —Dijo mi abuela— prende la luz.

—Estoy buscando el interruptor, no lo encuentro. —Le respondió— Pisa con cuidado.

La respuesta de mi abuela fue, por desgracia, una caída muy grave, que igual por desgracias, me llevo con ella. Al parecer había unas pequeñas escaleras al frente de nosotros. Ella no le atino a las escaleras, así que callo al vació. Yo, por lo contrario, resbale como una tabla por las escaleras, raspándome la cara y todo el pecho.

Reaccione cuando estaba en el sillón de aquella casa desconocida. Yo no estaba grave, simples raspones.
Mi abuela es la que sí salio más lastimada. Tenía un gran golpe en la ceja, y su mano «la que sostenía fuertemente mi mano» se la había lastimado gravemente.

Tuvo que ir a recuperación desde entonces, no la podía cerrar para nada. Y hasta el momento no la puede cerrar.
Yo siempre la acompañe a sus recuperaciones, con miedo, porque al lugar donde iba era algo extraño.
Había un pobre enfermo, con Síndrome de Down, que me asustaba. Pero con el tiempo me fui haciendo su amigo, de él y de la señora que lo acompañaba, creo su madre.

Hoy en día no olvido esos raros momentos, qué espero algún día, revivir con un hijo propio. (La caída quisiera absténerla)

Un recuerdo, un escrito más.

J. Issac P. C.